NOSOTROS
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Sobre el proyecto
El Archivo del Videojuego Mexicano es una iniciativa independiente dedicada a preservar y documentar la historia del videojuego en México: los juegos que se crearon aquí, las revistas que los acompañaron, el hardware que los hizo posibles y las personas detrás de todo eso.
No existe ningún archivo público de este tipo en el país. Este proyecto es el intento de construirlo.
Por qué existe esto
Los videojuegos son cultura. Y como toda cultura, si nadie la documenta, desaparece.
Revistas que se deterioran. Cartuchos que dejan de funcionar. Estudios que cerraron sin dejar rastro. Juegos mexicanos que muy poca gente sabe que existieron.
Este proyecto nació para que eso no siga pasando.
Quién está detrás
Andrés Calva es desarrollador de videojuegos y creador de ABO MANDO, uno de los títulos documentados en este archivo.
No lo menciona como credencial, sino porque importa: alguien que ha desarrollado un juego entiende lo que cuesta hacerlo, sabe dónde buscar la información, conoce a la comunidad desde adentro y tiene claro qué vale la pena preservar y por qué.
Y el Mtro. en Derechos Humanos Guillermo Emmanuel Pérez Ramírez, Codirector de la Colectiva Tecnologías Ardilleras, una colectiva educativa y creativa que usa ciencia, tecnología y videojuegos para formar comunidad, especialmente impulsando a niñas en áreas STEM.
Este proyecto no está dirigido por un coleccionista que acumula, ni por una institución que archiva por trámite. Está encabezado por un desarrollador que creó un videojuego en Tlaxcala y por un aliado dedicado a la docencia, quienes un día se preguntaron cuántos juegos más habrían sido desarrollados en México por personas como ellos, descubriendo que son pocos quienes trabajan en su preservación.
Cómo funciona
Es un proyecto independiente y sin fines de lucro. Sin gobierno, sin corporativos, sin intermediarios que se queden con una parte.
Todo lo que entra se usa en tres cosas: documentar, preservar y difundir. Cada peso, cada donación de hardware, cada revista que alguien comparte, va directo al archivo.
El proceso es público. Lo documentamos todo en YouTube, semana a semana.
Cómo puedes participar
Siguiendo el canal. Compartiendo el proyecto. Donando en GoFundMe o Patreon. Trayendo esa consola que ya no usas, esa revista que guarda polvo en un cajón.
Todo suma. Todo se registra. Todo pasa a formar parte de algo que va a durar.
Visión a futuro
Los referentes ya existen y son claros.
El International Center for the History of Electronic Games del Strong National Museum of Play en Rochester, Nueva York, resguarda más de 60,000 artefactos y cientos de miles de materiales de archivo dedicados exclusivamente a la historia del videojuego. En España, el Museo Arcade Vintage opera una exposición permanente interactiva de 900 metros cuadrados con más de 300 piezas donde cualquier persona puede conocer la historia y evolución del videojuego. En Europa, la Federación Europea de Archivos, Museos y Proyectos de Preservación de Juegos agrupa hoy a las instituciones más importantes del continente dedicadas a preservar el videojuego como parte del patrimonio cultural digital.
México no tiene nada equivalente todavía.
El objetivo a largo plazo del Archivo del Videojuego Mexicano es que eso cambie.
La visión es concreta: un espacio físico permanente, lúdico y accesible, donde estudiantes, investigadores y público general puedan experimentar de primera mano la historia del videojuego, con énfasis en lo que se ha creado en este país. Un lugar donde una consola no sea solo una pieza en una vitrina, sino una puerta de entrada a una historia que muchos vivieron sin saber que estaban siendo parte de ella.
Ese museo no existe hoy. Y no pretendemos construirlo mañana.
Lo que sí existe hoy es el primer paso: una base de datos pública en desarrollo, documentales, exhibiciones didácticas itinerantes y un proceso de preservación en marcha. Cada revista digitalizada, cada consola restaurada, cada juego mexicano documentado es un ladrillo de algo más grande.
La experiencia internacional demuestra que estos proyectos no se construyen de golpe, se construyen con consistencia: colección, documentación, exhibición y acceso público, en ese orden y sin saltarse ningún paso.
Ese es el camino que seguimos. Primero en internet. Luego en espacios físicos temporales. Y con el tiempo, en un lugar permanente que México todavía no tiene pero que ya merece tener.